El maestro dijo “un viejo monje vivió años manteniendo encendido un fuego a los dioses. El padre creador, satisfecho con él, bajó un día y en recompensa a su devoción le entregó un libro que contenía todo el saber del universo. El anciano agradeció y el dios volvió a los cielos. Ya solo, hojeó el volumen, arrancó una página y la arrojo al fuego. Vio que ardía bien y quedó conforme.”
“quería mostrar a los dioses que era capaz de sacrificar aún el bien más preciado en su honor”, dijo un discípulo.
“Creía que ningún hombre, ni aún el más santo, podía ostentar tal poder sin peligro para los demás”, dijo otro.
“Nada de eso” contestó el maestro.
“Temió enloquecer ante la evidencia de una verdad inconcebible”.
“Ni siquiera podía nacer tal pensamiento en su cabeza”, dijo el maestro.
“Por qué quemó entonces el libro”, preguntó el más joven.
Y el maestro contestó: “Porque no sabía leer”
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