24/11/09

garuando (veinte cuentos breves)

-tu padre murió de hambre, me cambió su ración por escribir sus cartas y entregártelas
-son sólo garabatos.
-es lo que sé escribir.
*
-no- dijo -y es mi última palabra.
-estás en lo correcto- contestó.
*
dan las doce. enciende una vela frente al espejo.
-dicen que así ves tu muerte.
-¿ves algo?
silencio.
-está ocurriendo.
*
se abrió la puerta.
-adelante- dijiste, pero no había nadie ahí.
ahora ya no estas sola.
*
-moriría por ti.
-hazlo.
*
perdido en el laberinto, el hilo ni siquiera sirvió para colgarse.
*
ella pensó "si me mira los labios lo beso, si me mira el culo me voy".
él la miró a los ojos, y no supo que hacer.
*
al final descubrimos, demasiado tarde, que los nombres que le dimos eran todos ciertos.
*
le dijo "si te miro a los ojos, sé que hay razones para seguir con vida".
entonces ella se arrancó los ojos.
*
sucedió en el momento exacto, es decir, demasiado tarde.
*
su sueño se llenó de escarabajos. por suerte no abrió los ojos.
*
volvió al lugar del delito y la víctima le guiñó un ojo.
*
sembró amapolas en su cuerpo. pero llegó el tiempo de la siega.
*
lluvia en el pelo, la espalda, los zapatos. lluvia que resbala por el cuerpo, y el cuerpo que se va por los raudales, por las alcantarillas.
*
abrió la palabra para buscar el secreto. gritó, gimió, suspiró, y al final volvió al silencio.
*
bebió miedo de la teta y masticó miedo y masticó y tragó y se acostó con el miedo y le hizo un hijo que bebió de ella hasta dejarla seca.
*
éramos tres, ellos cuatro. luego fuimos dos y ellos tres. luego yo y dos de ellos. al final sólo quedó uno.
*
el hombre de la bolsa raptó a su amiga imaginaria. a la mañana siguiente la vio en los titulares.
*
se rascaba el ombligo y sintió algo como el cabo de un hilo, tiró y se desovilló el cuerpo.
*
iba por el bosque cantando, despertando a los lobos.
*

Roque Vallejos - Pulso de sombra


SE ME ESCAPA
otra vez
de las manos este junio
con su perfil
delgado
de otoño calvo,
sin dejarme otra cosa
que su pulso de sombra
y esta huella sin ruta
de arcángel expatriado.
Es cierto que no extraño
su muda sien
de invierno,
pero siento que llueve
su tiempo sobre el mío.


SOBRE LA MISMA
lengua
envainada de lo incomunicable,
y sobre la intacta
oscuridad
de su palabra,
la vida se desdobla
para alcanzar
su nombre
y se desata el alma
acurrucada
en el cuerpo.
                   Y entonces la primavera
ya no resulta
lo que la piel
repica,
ni la lluvia
se asoma
como un perfil
de gotas.
                   Se inauguran
pisadas
sobre un tiempo
sin horas,
                   y se buscan las huellas
de los vientos clausurados,
pero la sombra queda
detenida
en su imagen
y el hombre está despierto
con lo ojos cerrados.


¿SE PODRÍAN
sumar
tantos vacíos:
los del cuerpo que no ha sido;
los de nuevas
y viejas
miradas no nacidas;
los que pueblan
alegóricas ciudades
del alma en retirada;
los de anchos cementerios
que se acumulan
en la propia ceniza;
los etéreos
que estrangulan
el matemático
caminar de los astros;
los que dominan
en la desarticulada
soledad
de los dementes
y en los depósitos
inéditos
de la incomunicable
sensibilidad
de la piedra?


COMO EL TRONCO VACÍO...
sin miradas
ni alas
que se busca
en el tierra
que amasó sus raíces,
yo me busco
en las noches
de mi pulso moreno,
sin pisadas
mi sangre,
sin costuras
mis venas.
                   Porque el alma
se acaba
como se acaba el cuerpo,
que devuelve sus músculos
a la piedra
o al viento,
y entonces queda el hombre
sin saber que ha sido;
si mitad de un arcángel
o empás de latidos.


ME IRÉ EN OTOÑO
con el tiempo
atado
a la cintura,
                   por el postigo
abierto
de la sangre.
                   Un día
vertical
                   y sin espuelas
en que ya no me calce
ni hasta mi propia sombra.
                   Entonces el sol
caminará otra vez
bajo su nombre,
                   y tanto polvo
volverá de nuevo
a ser camino.


DESOLACIÓN

SE DESHACEN SOBRE EL YERMO
pulsos abandonados
y se retuercen
latidos en el cepo de los montes.
Hay gargantas
llaveadas
y raíces sin aliento.
El viento perdió
la lengua
y le cortaron al tiempo
las piernas.


23/11/09

Roque Vallejos - Poemas del apocalipsis

"Porque no eres frío ni caliente 
te vomitaré de mi boca"
Apocalipsis de San Juan

TESTIMONIO
(Fragmento)

Y los cuatro jinetes
llegaron a mi pueblo
preñando con sus potros
la matriz de la tierra,
una tormenta roja
los escupió del cielo
y les quebró las alas
de demonios sedientos.


POEMA
                   A Betti Samaniego Leoz

Yo no quiero la paz,
quiero la aurora,
el crepitar del fuego
que me encienda
como pequeño sol
o luna calcinada
desde la piel
al hueso,
desde la tierra al cielo.

Pira de fuego blanco
y sin cenizas,
holocausto de pájaros
dormidos,
roja tortura
de una sangre hervida
para sellar las
grietas de otra herida


POEMA
                   A Francisco y Ricardo Mardones Restat

El polvo que rodando
se hará hombre
para iniciar de nuevo
su jornada
sin nacer otra vez,
rumbo a otro cielo,
desde su alta marea de ceniza.

Extraña fundación,
parto vacío, resucitado
sueño de la arcilla. Dios
consumido por el triste oficio
de ser la llama de su propia hoguera.


PARÁBOLA DE LA RESURRECCIÓN
                   A la llorada memoria de mi tío                   Livio Pérez Garay

Se ha apurado
inútilmente
desde el vacío cáliz de la carne,
se han sorteado en vano
las entrañas del hombre,
como vampiro inmenso
el cielo abres sus alas,
la tierra se desdobla
en dos maderos anchos.

Ya ha consumido el sol
su propio fuego, como un licor
para embriagar al mundo,
y en el oscuro alero de su sombra,
sólo el lampo del hombre.


Como un turbión de nubes
se despeña la figura de Dios
sobre el abismo,
mientras su luz rebota
desde el fondo
como espuma hasta el hombre.

Y se ha rasgado en dos
el velo de la muerte
en la hora novena,
y se ha borrado
el círculo del tiempo,
mientras la cruz vacía
se yergue sobre el mundo,
el hueso se reencarna
en la madera,
y fosforece.


POEMA DEL APOCALIPSIS

Yo los he visto resucitar
Y ser la luna,
Y alumbrar con sus ojos
Desde lejos,
Las alas las tenían
Combadas por el viento,
Y la piel más desnuda
Y arriada que nunca.

Sus huesos parecían
Un rosario de fuego,
Como lava filtraba
La sangre de sus venas,
Galopaban inmensos
Caballos amarillos,
El cielo era un circo
De nubes desbocadas.

Las bocas derretidas
Se negaban al beso,
Sin corazón los hombres
Parecían ausentes,
El musgo les servía
De oscura cabellera,
Y emergían serpientes
De sus poros baldíos.

Antorchas apagadas
Derretían la tierra,
La fiebre coagulaba
El agua de los mares,
Animales heráldicos
Trepaban los abismos,
Colgaba de las nubes
El hedor de la carne.

El tiempo era una flor
De pétalos ardientes,
La muerte un fruto ácido
En la llaga del ser,
El infierno soplaba
Con su llama tridente
Y un tatuaje dejaba
La pezuña de Dios.

La multitud seguía
Su féretro gigante,
Con el luto adherido
Como costra a la piel.
Era una mascarada
Donde los querubines
Sin mirada en los ojos
Vieron morir a Dios.


POEMA

Y no habrá sol
ni ojos que nos miren,
ni habrá mar
ni tierra
que nos traguen,
flotaremos callados
con las velas rasgadas,
sin rosa de los vientos,
ni marea en la sangre.

Y no llegaremos
nunca
a puerto alguno
ni anclaran
nuestros
pies
en piedra o en nube,
se gastarán las alas
batidas como remos
y zarpará la nada
hasta nuestro naufragio.