Ricky Espinosa sirve agua fría y caliente de un bebedero. Me
dice que la mejor forma de suicidarse es encontrar la proporción exacta de agua
fría y caliente, “si la lográs mueres al instante”.
Luego de su muerte escribo una tesis sobre los temas de su poesía:
un esquema sus obsesiones, y la evolución o permutación de estas obsesiones; algo
así como la estructura de su periplo hacia el suicidio.
Como comentario agrego en la conclusión que nadie vio estás
obsesiones como suicidas hasta su muerte, como tampoco nadie creyó suicidas las
letras de Ian Curtis antes de que se cuelgue en la víspera de su gira americana.
A partir de este comentario, o usando este comentario como
slogan, la Organización Mundial de la Salud emprende una campaña para evitar el
suicidio: todas las personas cuyas obsesiones coincidan con las citadas en mi
tesis serán recluidas en centro de reeducación para evitar su autoinmolación.
Esta práctica se extiende como una caza de brujas por todo
el mundo: cualquier persona acusada de poseer obsesiones “suicidas” puede ser
denunciada y recluida en el centro. Mis quejas ante el uso de mi trabajo para
sustentar esta práctica son consideradas como antiéticas; insisto en que
interferir el curso del pensamiento de estas personas también castra sus
posibilidades de creación. La OMS me contesta “Usted pretende que estas
personas sigan el curso normal de su pensamiento, es decir: que se suiciden,
con tal de obtener uno o dos poemas o cuadros”.
Ante este estado de las cosas decido emprender una
investigación sobre los escondites de los perseguidos por el nazismo. Mi idea
es mostrar por medio de telepatía escondites para que los perseguidos puedan zafar de algún modo la
reducción. Sin embargo los telépatas de la OMS me descubren durante esta investigación, y la utilizan para reducirme a un centro de re-educación, ya que por estar relacionada con el
holocausto, mi investigación me incluye a mí mismo dentro del grupo “suicida” .
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