El lago es un punto azul en un mar de verde. Los peregrinos se sumergen,
duermen en el lecho, y una imagen de su sueño toma forma sobre el agua, flota en
la superficie como nata sobre leche.
En la orilla vela una persona -un familiar o amigo del durmiente- que levanta
la figura con un bastidor y la deja al sol hasta que se seca y deviene vidrio.
Los sueños vítreos son muy extraños -pocas veces se logra extraer una
figura sin romperla- por ende son peligrosos: a menudo quienes vigilan asesinan
a los durmientes para robarles el sueño -coleccionistas especializados están
dispuestos a pagar sumas espeluznantes por un ejemplar.
A pesar de eso, todos los años el lago recibe decenas de peregrinos y
este flujo no parece disminuir o detenerse. Uno creería que los motiva el deseo
de conseguir un sueño y venderlo, sin embargo no se sabe de ninguno que haya negociado
su propia imagen.
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