29/2/12

cuerpo infinito


un cuerpo como el mar
el mar como el otoño
el otoño como lluvia
la lluvia como hormigas
hormigas como el roce de una mano por la espalda
la espalda un piano
el piano ternura
la ternura como el filo de una espada en el alma
el alma como el deseo
el deseo como la carne
la carne como el cuerpo
un cuerpo como el mar

28/2/12

El muerto



Una tarde marzo supe que estaba muerto. Me tomó un momento acostumbrarme al hecho, pero -como siempre pasa con lo irrevocable- al rato dejó de importarme y salí a la calle.

La primera persona que vi fue un señor de traje gris esperando el bus. Me senté a su lado, hablamos del clima, de la economía, de banalidades, y como el bus tardaba le invité una cerveza.

Entramos al primer bar y me contó su historia, era triste y desolada, yo le dije que estoy muerto y rió con sorna, le invité a visitar mi tumba y aceptó, “no sé donde me enterraron –le dije-, tendríamos que recorrer el cementerio”, “no es problema -me dijo-, cuando estás borracho lo mejor es conversar con los muertos”.

Caminamos un buen rato leyendo lápidas, él leía los nombres en voz alta entre entre risas e hipos, pero de pronto se quedó petrificado. “¿Qué pasa?”, pregunté. No contestó, sólo levantó un dedo hacía una lapida, leí el epitafio, era su nombre. Me pidió que volvamos al bar.

Bebimos toda la noche en silencio hasta que el dueño nos echo a la calle.

Aún estábamos sobrios.


27/2/12

Los sueños vítreos



El lago es un punto azul en un mar de verde. Los peregrinos se sumergen, duermen en el lecho, y una imagen de su sueño toma forma sobre el agua, flota en la superficie como nata sobre leche.

En la orilla vela una persona -un familiar o amigo del durmiente- que levanta la figura con un bastidor y la deja al sol hasta que se seca y deviene vidrio.

Los sueños vítreos son muy extraños -pocas veces se logra extraer una figura sin romperla- por ende son peligrosos: a menudo quienes vigilan asesinan a los durmientes para robarles el sueño -coleccionistas especializados están dispuestos a pagar sumas espeluznantes por un ejemplar.  

A pesar de eso, todos los años el lago recibe decenas de peregrinos y este flujo no parece disminuir o detenerse. Uno creería que los motiva el deseo de conseguir un sueño y venderlo, sin embargo no se sabe de ninguno que haya negociado su propia imagen.


26/2/12

Autobús cruzando la lluvia



Fluorescentes blancos. Ventanas empañadas. Las luces deformes a través del agua. Desconocidos de pie, sentados. La ropa empapada exudando el vaho de un día cansino. 

Largo mugido agónico, desdentado. 

La calle apenas un coche, un árbol, raudales surcados de basura. Noche: corazón detenido en un relámpago

¿Adónde vamos?

Calles inundadas. Nadie baja, ni sube. El ómnibus dará vueltas por la ciudad deshabitada hasta que muera el último de nosotros.

Tengo en las manos una foto tuya, pero tu rostro mira a otra parte.

Te amo, pero moriré sin volver a ver tus ojos.